El diente de león es una planta de origen europeo, exactamente de la zona del Mediterráneo, que se ha extendido por todo el mundo debido a su rápida propagación y adaptación, sobretodo en zonas templadas.
La planta suele alcanzar una altura de 30 cms, aproximadamente, con hojas de color verde claro que hace resaltar el amarillo de sus flores. Cuando entran en la etapa de madurez, de la planta crece una pelota de semillas de aspecto esponjoso que se desprenden fácilmente cuando sopla el viento y es gracias a ello que esta planta sea de rápida propagación.
Los jardineros consideran esta planta como maleza, dándoles grandes quebraderos de cabeza debida a su fácil reproducción y adaptación al medio. Lo cual, si se contrasta con la etimología de su nombre científico, Taraxacum officinale, que proviene de la palabra griega taraxis (confusión) y akos (remedio medicinal de uso a largo plazo), su significado completo podría ser algo así como "remedio oficial de los males", lo cual resulta muy apropiado para definirla, ya que los beneficios que podemos obtener del diente de león son innumerables.
Esta peculiar planta, aborrecida por los jardineros pero amada por expertos en la medicina alternativa, ha sido objeto de estudio por diversas ramas del conocimiento, desde naturistas, como chefs hasta científicos de la nutrición se han interesado por el gran potencial de esta planta.
Las propiedades del diente de león son muy diversas, y su uso ha estado extendido por todo el mundo desde hace cientos de años.
En Europa se ha considerado esta peculiar planta como una fuente de importantes elementos nutricionales, con componentes favorables para la medicina, utilizándose por ejemplo, las raíces de las plantas para controlar la fiebre o la diarrea. En China, los naturistas han hecho uso de las raíces para males digestivos o apendicitis. Y en América, los nativos usaban la raíz para tratar inflamaciones o problemas en la piel.